Las voces del COVID: una mirada antropológica y digital

La pandemia por COVID-19 trajo una crisis social sin precedentes, que ha afectado todos los ámbitos cotidianos. Particularmente, la comunidad de profesionales de la salud se ha visto muy impactada. Tras un año y medio de crisis sanitaria, el personal reporta altísimos niveles de cansancio físico y mental que se han traducido entre otros, en considerables aumentos de licencias médicas. Dentro del contexto hospitalario, esta situación ha afectado más a quienes estuvieron o han estado expuestos a la primera línea de cuidados y atención de los enfermos y moribundos. Las tecnologías digitales (teléfonos inteligentes e internet, entre otros), han brindado algunos espacios hasta ahora desconocidos en lo cotidiano, que favorecen el cuidado de la salud mental, donde a pesar del distanciamiento social es posible compartir entre pares lo vivido. Esta investigación explora en aquellos espacios mediados por la tecnología, como Las voces del COVID, que brindaron instancias de autocuidado a la comunidad de profesionales de la salud del Hospital Padre Hurtado uno de los hospitales públicos de la región metropolitana que lidió con las mayores tasas de contagio y mortalidad por habitante de la región metropolitana.

Introducción

La incertidumbre sobre la duración de la pandemia, los efectos del distanciamiento social y la posibilidad de enfermedades personales y familiares ha provocado en el personal de salud cuadros de fuerte stress. La evidencia reporta que los trabajadores que están más cerca de los pacientes durante este periodo corren mayor riesgo de desgaste que los que no cuidan directamente de los pacientes (Wu, Styra and Gold, 2020)[1]

Según cifras de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva, Sochimi, a 10 meses de iniciada la pandemia en Chile, el 87% del personal de las unidades de cuidados intensivos del país padecía de agotamiento extremo o Burnout.[2] La experiencia clínica y los estudios han evidenciado que el estrés, trauma y la represión de emociones son capaces de causar dolor y otros síntomas físicos que se han correlacionado a variadas entidades clínicas (Macaya y Aranda, 2020) [3]. Referencias internacionales concuerdan en que los brotes infecciosos además pueden aislar a las personas en el miedo y en la ansiedad. A raíz de la pandemia COVID-19, la organización estadounidense basada en Washington D.C., End Social Isolation, publicó que una de las cuatro estrategias para cultivar el bienestar es mantener el contacto virtual con los pares, familiares y amigos, utilizando para ello las redes sociales, video llamadas o encuentros en plataformas de internet. Su campaña fue “Aislados, pero no solos”.

La Universidad de Columbia (N.Y.), a través de su Centro de Recursos de Acompañamiento, promueve especialmente al personal de salud, el mantener el autocuidado durante la atención médica del coronavirus y otros brotes de enfermedades infecciosas, invitándoles a una conexión entre colegas, hablar con sus compañeros y recibir apoyo unos de otros. Su campaña es “Cuenta tu historia y Escucha a otros”.

A pesar de que la muerte es el acontecimiento universal por excelencia, a pesar de que todo ser humano es finito y va a morir, en occidente hombres y mujeres evitamos hablar de ella, y los profesionales de la salud no son la excepción. La evidencia indica que estos poco y nada comparten sobre estos temas entre pares, más allá de lo clínico, obviamente.

“Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesión, y todo lo que supiere acerca de la vida de alguien, si es cosa que no debe ser divulgada, lo callaré y lo guardaré con secreto inviolable”.

Extracto del juramento hipocrátrico que cruza la vida de todo médico.

El diario New Yorker publicó a fines de junio de este año una interesante investigación que precisamente destacó el valor de compartir las experiencias de muerte, a través de un reporte que mostró el caso de un matrimonio de profesionales de la salud, expertas en medicina paliativa, titulado What Is It Like to Be Dying? donde una de sus protagonistas, Kim Acquaviva, concluye, “En una cultura en la que no compartimos casi nada sobre la enfermedad y la muerte, la única forma de contrarrestar eso es que algunas personas compartan un poco más de lo que probablemente sea apropiado”.

Frente a todo lo anteriormente descrito la pregunta de investigación guía de esta investigación fue ¿De qué manera la plataforma digital de narración y relato, Las voces del COVID permitió generar un espacio de cuidado y autocuidado para los y las profesionales de la salud del Hospital Padre Hurtado en tiempos de pandemia?

La investigación buscó indagar cómo este tipo de mediación digital favoreció ciertas conexiones entre pares que posibilitaron espacios de reflexión y bienestar en contextos de pandemia. Una comunidad de profesionales fuertemente golpeada por la crisis sanitaria.

El objetivo general fue lograr comprender cómo este medio digital impactó a los profesionales de la salud del HPH en su relación con el cuidado y autocuidado, sobre todo durante la primera ola. Y entre los objetivos específicos están:

  1. Conocer la concepción de cuidado y autocuidado del personal de salud que forman parte del HPH y el cambio experimentado a partir de la pandemia.
  2. Conocer la percepción del personal de salud hacia los medios digitales de comunicación creados en contexto pandemia, en particular, hacia Las Voces del COVID.
  3. Indagar en los procesos de mediación digital como mecanismos para generar comunidad en contextos hospitalarios que viven procesos traumáticos.

Este reporte entregará cierta revisión bibliográfica del tema, explicará la metodología aplicada, los casos y evidencias encontradas, así como algunos hallazgos y conclusiones que se orientan hacia un proceso de humanización de los profesionales de la salud, reconocimiento de sus fragilidades, teniendo a la tecnología digital como puerta de entrada que facilita y ayuda hacia ese retorno a la intimidad del ser en tiempos de aislamiento social.


[1] https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32295761/

[2] https://www.clinicasdechile.cl/noticias/el-87-del-personal-uci-sufre-agotamiento-extremo-tras-10-meses-de-pandemia/

[3] https://revistachilenadeanestesia.cl/revchilanestv49n03-014/

Punto de vista teórico y bibliografía

A modo de contexto, la motivación de esta investigación nace en el proceso de escritura de la tesis para optar al grado de Magister en Antropologías Latinoamericana de la Universidad Alberto Hurtado (Chile) y busca complementar la investigación hacia Las voces del COVID con el estudio de la variable “mediación digital”, que tuvieron espacios virtuales usados por el personal de salud, para compartir o empatizar emociones complejas vividas y que funcionó como mecanismo de autocuidado en contexto de desgaste emocional intenso.

Desde la aparición de Internet las ciencias sociales han estado investigando sobre este fenómeno desde diversas miradas; la Internet en sí ha constituido el objeto de estudio, o al menos parte de éste, en investigaciones diversas (D. Miller & Slater, 2000; Ardèvol et al, 2005; Estalella, 2005; Orton & Prior, 2013, entre muchos otros).

Expertos como Óscar Grillo (2007) abordaron a la “Internet como un mundo aparte” con la capacidad de crear nuevas formas de relacionarse entre los individuos y llegar a producir nuevas identidades e identificaciones, atravesando incluso límites existentes previos, tanto culturales como sociales. Esta mirada permeó a la “sociedad de la información” como un suceso unificado, más o menos lineal, una cibercultura. El sociólogo español Manuel Castells ha sido un gran investigador en esta línea y ha definido a la sociedad red como “la nueva estructura social de la Era de la Información, basada en redes de producción, poder y experiencia” (Castells, 1998, p. 350)

Hacia el 2000 los resultados de investigaciones etnográficas como las de Daniel Miller, Don Slater, Cristine Hine, replantearon esa mirada y empezaron a caminar hacia una concepción que refutó a la Internet como fuera del mundo, y la vio como parte del mundo, donde tienen cabida la identidad y autenticidad de los usuarios y sus relaciones. Las actividades off y on-line, sucederían en espacios sociales concretos, creados por actores concretos, que están complejamente interconectados.

Esta investigación está en la línea de esta última mirada y que nos desafía a integrar herramientas de ambos mundos de manera flexible e integrada.


De acuerdo a Kate Orton, en el contexto off-line, las relaciones se desarrollan cada vez más en una dinámica que va “revelando intimidad”, una dialéctica de auto-revelación, un compartir los pensamientos más profundos y emociones”. Un fenómeno que vemos a diario en las redes sociales, donde los usuarios han sido capaces de levantar contenidos subidos y gestionados por ellos mismos.


El psiquiatra y filósofo alemán Thomas Fuchs señaló frente a la pandemia que “estamos en una situación límite colectiva, que cuestiona las certezas y que nos abre oportunidades para que las personas sean ellas mismas y se den cuenta de su libertad (…) Aparecen ahora la separación, la culpa, la fragilidad del cuerpo o la finitud de la vida. Se ha roto la protección de la vida (Jaspers llama “housing” a este marco fijo de seguridad). Los supuestos, que esconden las contradicciones de la existencia, ya no son útiles. Se han destruido los “cascarones” y ha cambiado la forma de vivir. Irrumpe la incertidumbre, que sería finalmente “el único lugar donde podemos crecer y desarrollarnos. Lo incierto no es nada más que la vida misma”. (Revista Academia, verano 2021, pág. 62 )

Desde esta perspectiva la vulnerabilidad ya no sería un lastre inevitable de nuestra humanidad, una imperfección a esconder, sino que conlleva una posibilidad de conectarnos con nuestra condición de seres humanos. Junto a la pausa que brinda la pandemia, vendría una conexión con la vulnerabilidad como la entiende la filósofa y teóloga, Carolina Montero, “La vulnerabilidad humana sería la permeabilidad necesaria para dejarse afectar por otros. Si fuésemos autosuficientes, impermeables, del todo independientes, no nos podrían herir, pero también estaríamos condenados al más monótono y absurdo solipsismo. Ahora bien, este reconocimiento de la vulnerabilidad como posibilidad humanizante no es tan simple (…)” (pág 44).

Sobre estos profundos cambios de humanización, maneras de expresar y compartir las emociones, de integrar el mundo interior con el exterior, está dando cuenta la internet de manera desbordante.

Hay muchas investigaciones que hablan de internet y salud bajo esta lógica de la internet en el mundo, entre estas destaca en el contexto de investigaciones médicas, Deborah Lupton, para quien “Los médicos y profesionales de la salud están usando las tecnologías como las plataformas de medios sociales, aplicaciones, teléfonos inteligentes y objetos inteligentes para recolectar datos en temas médicos; acceder y compartir información médica y desarrollar redes; entregar cuidado de salud; y monitorear las actividades relacionadas con la salud de las personas”.

Lo novedoso de este reporte es el intento de aportar su alcance específico al personal de salud como comunidad de estudio y como las tecnologías digitales y la mediación digital, pueden ser una gran contribución para desarrollar esa puerta de acceso hacia la intimidad y un nuevo camino hacia la promoción del autocuidado y la humanización de la salud.

Metodología

En cuanto al trabajo de campo lo realicé en el Hospital Padre Hurtado (HPH) un hospital asistencial docente que forma parte de la Red Pública de Salud Metropolitana Sur Oriente, ubicado en calle Esperanza 2150, Paradero 28 de Santa Rosa (Santiago de Chile). Tiene una población asignada de aproximadamente 450 mil habitantes, los cuales provienen de las comunas de La Granja, San Ramón y La Pintana. Una población altamente vulnerable, con índices de pobreza directa de 12.8%, y una pobreza llamada multidimensional de un 32% que involucra educación, salud, vivienda y seguridad, lo que aumenta su fragilidad. La pandemia por COVID extremó el ambiente al interior del hospital, que ya venía sufriendo alteraciones de su clima interno por las balaceras que recibieron durante del estallido social del 18-O y que obligaron a blindar su fachada. Las comunas a las que atiende tuvieron una de las mayores tasas de contagio por habitante, con enfermos muy graves y un alto número de fallecidos, debido a las mencionadas condiciones ambientales y sanitarias de la población cercana.

La metodología utilizada fue la observación participante y las entrevistas semiestructuradas online y offline. A partir de la selección de diez narrativas de Las Voces del COVID, realicé entrevistas a sus autores, quienes tienen larga trayectoria en el trabajo hospitalario. Además, entreviste a 3 profesionales ligados al ámbito de las comunicaciones, coordinación y proyectos del HPH.

Se trató de hacer las entrevistas lo más abiertas posibles, de modo de que emergieran temas de interés de los participantes, con algunas preguntas guías que se fueron planteando en el caso de que no surgieran temas.

Se revisaron sus vivencias personales respecto del impacto de la pandemia en sus visiones de cuidado, vida y muerte, de resignificación de la profesión de la salud y se observa cómo el ejercicio de testimonio brinda un espacio de producción social de identidades frente a situaciones límite. El hecho de detenerse a escribir, es un ejercicio inicial de toma de conciencia, necesario para digerir lo que se vive. Frente a una mayor exposición a la vulnerabilidad del personal de salud, se produce el encuentro más empático con la fragilidad, con las limitaciones y con el otro. También aparecen oportunidades de reparación del trauma desde el necesario reconocimiento de lo vivido.

La tesis indaga desde un enfoque de investigación autobiográfico-narrativo, o de las “narrativas basadas en la persona” -que se opone a las miradas objetivadoras del modelo biomédico- y brinda valor a los conflictos y angustias individuales, al ejercer la profesión en estas complejas condiciones.

Se descubren nuevos protagonismos, donde auxiliares, tecnólogos médicos, y enfermeros, enseñan al médico sobre el cuidado y acompañamiento del paciente al momento de morir. Especialidades médicas, como pediatría, que estaban expuestas a la muerte muy excepcionalmente, aportan ahora una mirada más holística y humanizadora al proceso de atención del fin de la vida. Se indaga en los propósitos y sentimientos del tipo moral del personal de salud, donde se representa al hospital como un espacio sagrado y a la profesión con un compromiso propio de una religión, que logra dar sentido a los momentos más adversos de la crisis sanitaria.

Algunos casos

4. Revisión de resultados

4.1. Contexto

Según contó la enfermera Milena Sepúlveda, de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del HPH, antes de la pandemia eran considerados un hospital amigo, sabían cómo tratar a los pacientes, pero con el COVID todo quedó corto y hubo mucho desgaste:

“(…) donde inicialmente teníamos tres pacientes críticos, llegamos a tener nueve simultáneos (…) había familias con hasta tres integrantes hospitalizados…”

Para graficar el extremo al que llegaron, cabe señalar, por ejemplo, que la morgue del hospital tiene una capacidad para aproximadamente cuatro cuerpos y hubo días en que el hospital tuvo 50 fallecidos diarios – durante el peak de la pandemia en primera ola-.

Esta investigación indaga en los medios digitales que utilizó el personal de salud del HPH para mediar esta traumática experiencia de pandemia, en especial pone su atención en el proyecto https://lasvocesdelcovid.udd.cl/ que nace en pleno peak primera ola y donde el personal compartió a través de testimonios, algunas importantes vivencias sobre vida, muerte y cuidados, a través de relatos, narrativas, fotografías y dibujos.

4.2  Mediación digital

A raíz de la pandemia el HPH se vio obligado a potenciar sus recursos digitales. Se amplió y habilitó wifi en todos los pisos del hospital (no sólo en informática y las salas de capacitación). Se crearon las redes sociales: Instagram y twitter. Y un perfil HPH en LinkedIn para acceder a nuevas contrataciones “producto de la pandemia el nivel de rotación de técnicos fue muy alta y nos vimos en la necesidad de crear un perfil a través de esta red social para difundir los proceso de selección, fue clave”, señala el periodista Guillermo Soriano, responsable de los dispositivos de comunicaciones internas del HPH (Boletín, intranet, mailing institucional, entre otros). Para Soriano la pandemia generó internamente temor al contagio, temor a acercarse y el sentido de comunidad que se vivía en el hospital fue dando paso a que cada unidad, cada piso, se encerrara entre sí, dejando vacíos los espacios comunes, por autocuidado.

4.2 El caso de Las voces del COVID

Las voces del Covid surge al alero de la Facultad de Medicina Clínica Alemana -Universidad del Desarrollo, específicamente en una unidad llamada Centro de Humanidades Médicas, buscando acoger un sentir general del personal de salud de “estar sobrepasados”[1].

La relación entre la Facultad de Medicina CAS-UDD y el Hospital Padre Hurtado existe desde el año 2001, establecida tras la firma de un convenio de colaboración asistencial docente entre ambos, lo que convierte al Hospital en el principal campo clínico de la Facultad, para la docencia de pre y postgrado[2], entre otros.

Existe, entonces, entre la Facultad de Medicina y el Hospital, una relación estrecha, que entrega una singular mística.

La Doctora Ana Neilsen, es quien coordina la relación entre ambas instituciones, cuenta, por ejemplo, que el doctor Pablo Gutiérrez, ex alumno UDD es a quien le toca asumir la jefatura de unidad de Emergencia. Y que varios alumnos que estaban realizando sus becas o internados, arrendaron departamentos cercanos al hospital para vivir la crisis lo más cerca de este y alejados de sus casas por temas de prevención.

Si bien aún estamos en pandemia y es muy pronto para hacer cualquier ejercicio histórico de memoria colectiva, uno de los primeros hallazgos es que Las voces del COVID, es percibida como una plataforma de registro de testimonios y de memoria de corte individual.

Guillermo Soriano apoyó también la difusión del proyecto en la intranet, diseñó afiches que pegó a un lado de los relojes control del personal y convocó a participar a través del mailing institucional. “Este proyecto me pareció distinto a otros que surgieron en ese período porque requería de un proceso reflexivo interesante por parte del personal, el ejercicio de escribir requiere de un detenerse a pensar previo”, señala el periodista.

Michael Pollak (1989) habla de la existencia de distintos tipos de memoria. Por una parte, estaría la memoria colectiva, que sería la que genera estabilidad y adhesión afectiva al grupo, por otra parte, la memoria individual. La memoria sería siempre selectiva, no todo se guarda o registra. Existe un proceso de negociación entre ambas memorias que tiene que ver con cuantos puntos en común existen entre ambas. La historia oral, en tanto, habría resaltado la importancia de las memorias subterráneas que, como parte integrante de las culturas minoritarias y dominadas, se oponen a la “memoria oficial” o memoria nacional.

Dos alumnas de la carrera de medicina, Catalina Radic y Camilla Villafranca, participaron con sus relatos en Las voces del COVID. Ambas se encontraban preparando su ingreso al internado cuando comenzó la pandemia, e irrumpe en ellas un cambio profundo donde el proceso de escribir fue muy significativo para reflexionar y acompañarse en lo que estaban viviendo.

“(…) porque uno se hace consciente del contacto con el paciente y del lazo que finalmente hacemos (…) igual que volver a leer la ficha y decir, me faltó preguntar esto (…)

“(…) ojalá que eso que viví me sirva de aprendizaje y me lleve a hacer cambios a futuro (…) al fin y al cabo (…) fui yo quien decidió cómo iba a ser mi vida (…)”.

Muchos de los testimonios y relatos hablan de un campo de batalla, una guerra donde el hospital público es vivido como una trinchera dentro de esta guerra compartida.

“En estos momentos el trabajo en equipo se transforma en un escuadrón de guerra. Una guerra contra la pena y la injusticia de ver morir sin poder ofrecer una despedida digna” (…) Al llegar a nuestras casas muchas veces no podemos contar lo que vieron nuestros ojos. No queremos asustar a nuestras familias. Una de las penas, por ejemplo, es no poder despedir a las personas que mueren. Es triste. Una pena devastadora se vive en este “estado de guerra”. (extracto del testimonio “Temor a ser humanos”, del doctor Víctor Navia).

El autor Luis Díaz Viana, en Narración y memoria, Anotaciones para una antropología de la catástrofe (2008), señala que las víctimas de un trauma pueden o “no tener razón” en todo lo que digan o en cómo actúen por el hecho de serlo, pero lo que no se puede negar es que -individualmente- elijan el camino que quieran para superar el trauma. Sea este verbalizarlo u “olvidarlo”.

La memoria individual resulta de la gestión de un equilibrio (precario), de un sinnúmero de contradicciones y tensiones. Por ejemplo, las dificultades y bloqueos que eventualmente surgieron a lo largo de una entrevista, indica Pollak, sólo raramente resultan de vacíos en la memoria o de olvidos, sino de una reflexión sobre la utilidad misma de hablar y transmitir su pasado. Por ejemplo, una sobreviviente judía al Holocausto que fue objeto de estudio, eligió permanecer en Alemania y ante la pregunta de ¿por qué se quedó en este país? prefiere el silencio (que difiere del olvido) ante toda posibilidad de hacer comprensible la decisión tomada.

Para Freud, las catástrofes nos colocan ante la disyuntiva de recordar u olvidar, de callar o seguir contando, y nos sitúa ante las estrategias narrativas para contar o no el tiempo.


[1] El llamado de alerta lo realizó el neurólogo del HPH, Víctor Navia, quien tiene experiencias en trastorno vasculares y está preocupado por la salud del personal. El dejará luego, su propio testimonio en el sitio, “Temor a ser Humanos” 

[2] Desde esa fecha existe una amplia colaboración en varias materias, como infraestructura y equipamiento. En conjunto con la Corporación Chileno Alemana de Beneficencia, también se contribuyó a la construcción de tres Módulos Docentes en el HPH, donde se ubican salas de clases, auditorios y laboratorios de simulación clínica para el aprendizaje de los estudiantes. Además, los edificios cuentan con el equipamiento e infraestructura para realizar atención docente ambulatoria de pacientes del Hospital Padre Hurtado.

4.3. Resignificación de la muerte a través de una casilla del mail

Con la pandemia llega la situación de muerte colectiva, muertes sistemáticas, algo que se vive sólo en las guerras, en las pestes y en las pandemias. Esto cambia la relación con la muerte. Se nos hizo habitual ver montones de cuerpos en las noticias, fotografías de nichos de cementerios, oímos cifras de muertos, y en esas muertes colectivas se pierde también la identidad de cada cual. Hay un anonimato en estas muertes. ¿Quiénes son lo que más mueren?. Indudablemente los más vulnerables, los más pobres, los más olvidados de la sociedad, los más viejos. En el Hospital Padre Hurtado, lugar de terreno de esta investigación, saben de olvido y vulnerabilidad.

En pandemia, en el HPH, se viven muertes extraordinarias que no pudieron ser abordadas de manera habitual. Estas muertes, que desbordan hasta el límite las posibilidades del personal, ya no pueden ser enfrentadas a través de los rituales de antes: no hay procesos de duelo con las familias, estas no pueden llegar a llorar junto a sus muertos. Los familiares no pueden tocar, ver, vestir ni maquillar a sus deudos. Son cuerpos que contagian, que apestan, que requieren de aislamiento social. La antropóloga y poeta argentina, Laura Panizo, experta en antropología de la muerte, llama a este tipo de duelos prohibidos o imposibles, “Duelos Inhibidos”, y a este tipo de muertes, como “Muerte Desatendida”. “…cuando focalizo en la ausencia de las prácticas rituales que tienen el objeto tanto de “atender” al muerto como al deudo, en tanto tales, dentro de la estructura social, hablo de Muerte Desatendida. Y acá me estoy refiriendo a los rituales de luto.  A las prácticas colectivas de atención a la muerte (…) Las creencias sobre la vida y la muerte se modifican ante muertes violentas y extraordinarias. Los grupos de familiares construyen marcos de interpretación de lo ocurrido, donde la peculiaridad de la falta del cuerpo no habilita prácticas tradicionales ni posibilita un reconocimiento social de la muerte”, señala.

“Había gente que veía a sus seres querido en la bolsa negra, no lo ve vestido, maquillado nada. Se le entrega una bolsa, sellada.” (extracto de la entrevista al Doctor Mauricio Toro, director del Hospital Padre Hurtado).

Tamara, tecnólogo médico que trabaja en el piso de Pediatría del HPH cuenta que al inicio de la pandemia el protocolo era estricto y se siguió lo indicado por el MINSAL. El paciente fallecía, el médico llamaba a la familia y se le decía que tenían aproximadamente una hora para venir a despedirse. En este lapso de tiempo, la familia venía y se despedía, después de eso, se ponía al cuerpo fallecido en la bolsa negra mortuoria y de ahí al cementerio.

La falta de familiares, el morir así, en contextos hospitalarios, implicó que los profesionales de la salud debieron cumplir un rol de gran protagonismo en ese ritual mortuorio, el que con la ayuda de la mediación digital se hizo mucho más llevadero por los equipos de salud.

En junio 2020 el área de salud mental del HPH creó el correo electrónico contactofamiliarhph@gmail.com el que fue compartido por distintos medios para que los familiares de los pacientes hospitalizados pudieran expresar sus emociones y dejar saludos a sus seres queridos.

Auxiliares, tens y enfermeras lideraron las prácticas rituales de cierre de cada ciclo. Desde los computadores se revisaban los correos que llegaban a la casilla creada y se imprimieron los saludos, las fotografías, los recuerdos, para llevárselos a moribundos. Muchos cuerpos salieron del hospital acompañados así simbólicamente por sus familiares. Los diversos testimonios indican que realizaron prácticas creativas y novedosas mediadas por ese proceso, digital-análogo, para rendir homenaje a sus muertos y acompañarlos en su trance: gritos, aplausos, cantos, lecturas de las cartas que habían dejado sus familiares, rezos, adornos de pulseras rojas en las muñecas y fotografías de sus seres queridos.

“¿Qué diferencia hay entre que lo vean unas horas antes de fallecer, a ya fallecido?”, dice otra de las entrevistadas, “para nosotros había una gran diferencia: poder dar una posibilidad de despedirse de la persona con vida. Dimos esa oportunidad de poder despedirse y eso nos aliviaba muchísimo como equipo”.

“También se hicieron videos llamadas de despedida”, relata un médico a quien le tocó acompañar en el fin de vida, “¿quiere despedirse de su familia?, le pregunté, ” y le pones la pantalla y ves la despedida. “Papito te quiero mucho”. Quizás se pudieron expresar cosas que de otra manera no hubieran sucedido” (extracto de la entrevista a uno de los médicos).

4.4 Ayuda y Comunidad  a través de un nuevo Instagram

 @perritoshph es un Instagram creado en fecha paralela a las voces del COVID (junio 2020). En su descripción dice: “dedicado a los perritos que viven el Hospital Padre Hurtado, sus historias, cómo alegran nuestros días y diferentes formas de poder ayudarlos”. A la fecha tiene más de mil quinientos seguidores y se han compartido 76 publicaciones con fotografías sobre perros vagabundos que viven en el hospital. Es un medio de información, pero va más allá y cumple para muchos enfermeros, tens y auxiliares, tiene el rol de mantener unido al equipo de profesionales de la salud, en una causa distinta al COVID. En las publicaciones se rescatan valores como lealtad y compañía.

“Los perros dan mucha alegría, rompen barreras de comunicación. En las terapias con perros su ayuda sirve para disminuir la ansiedad, sacar al paciente de la rutina”, dice la Dra. Paula Viviani, responsable de llevar el programa “Dogtores” a lugares hospitalarios como la Clínica Alemana (2019)[1]


[1] https://medicina.udd.cl/files/2020/03/Revista-UDD_final-2020.01.28_paginas-separadas.pdf

Conclusiones

La tecnología digital es una puerta de entrada significativa que facilita y ayuda al retorno hacia la intimidad del alma del ser humano, en contextos de incertidumbre, tensión y fragilidad, como la pandemia, donde estamos aislados y nos sentimos solos. Frente al aislamiento social, la comunidad médica no fue una excepción y también sintió la vulnerabilidad en carne propia. Las RRSS y las plataformas digitales como “Las voces del Covid”, y el Instagram que apela a los perros vagos del Hospital Padre Hurtado, permitieron hacer comunidad y compartir entre pares. Es una primera puerta, un acercamiento que ayuda mucho en conectar, tomar conciencia y visibilizar el estado emocional de las personas. Algo que sin duda, merece ser abordado en mayor profundidad, considerando también sus limitaciones.

Para que sea efectivo el cuidado, se requiere que la persona sea capaz de reconocerse primero como un ser vulnerable, en riesgo de ser afectada emocionalmente por su trabajo y por su dedicación, y en ello, sea capaz también de encontrar las mejores herramientas para su cuidado personal, esto es parte ineludible de su responsabilidad como ser humano.

Las voces del COVID permitió el ejercicio individual de conexión y al compartirlo en red posibilitó que se abrieran otros temas y que se produjera relecturas que luego fueron tratadas en sesiones de terapias psicológicas o alternativas.

Las voces del COVID permitió generar comunidad y autocuidado de esta comunidad, más allá de lo que pudieran haber hecho como individuos. Abrió un tema de conversación importante que luego pudo ser tratado en sesiones de terapia grupal e individual, donde hubo intimidad.

Las mediaciones que brincó el mail, estableció un puente concreto entre el HPH y los familiares que benefició la salud mental del personal de salud pues pudieron compartir el peso de lo vivido, y mediar la atención hacia el moribundo. Y la comunidad de perritos, los hizo salir de sí mismos para volcarse en un otro ser, animal leal y fiel, y entregar cariño.  Hay buenas prácticas que se pueden emular. De hecho, en el “Protocolo de trato humanizado de la Red Sur Oriente” (enero 2021) que reunió a los diversos hospitales de la red asistencial, donde está el HPH y el Sótero del Río, por ejemplo, quedaron sugeridas algunas de estas buenas prácticas (como el mencionado e-mail).

Sin duda, uno de los cambios más profundos en el posicionamiento de las herramientas de internet y redes sociales previo y durante al Covid ha sido la resignificación de una herramienta que pasó de ser en una forma de “gastar el tiempo”, a un valioso conector de emociones con otras personas, permitiendo muchas veces una catarsis que ayuda en el proceso de sanación del trauma.

Otro punto importante a señalar es el estado de la salud mental durante la crisis sanitaria. La población ha sido llevada a extremos de aislamiento, reducción de fuentes laborales, temores a enfermar y morir, desabastecimiento de elementos básicos para el consumo diario, entre otros, lo que ha intensificado la sensación de fragilidad e incertidumbre como forma de vida. Parecer ser, como bien señaló el psiquiatra Thomas Fuchs, que se acabaron los tiempos de certezas. La mediación digital, con todas sus limitaciones, podría ser un aliado importante para explorar en materias de encuentros significativos, creativos, humanizantes e íntimos, en la relación sobre todo a los cuidados hacia el enfermo y los demás.

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