Hackfeminismo en Abya Yala: reconociendo prácticas y reflexiones desde posturas contra-hegemónicas

Formulación del Problema

Este es un escrito de carácter teórico – reflexivo sobre las brechas en el desarrollo digital desde puntos de vista feministas y anticolonialistas, que busca plantear un problema de investigación preliminar sobre el desarrollo del campo de las plataformas digitales desde puntos de vista contra-hegemónicos. En un escenario de conectividad global, el acceso a internet es fundamental para la participación digital, que actualmente concentra gran parte de nuestras interacciones sociales y fuentes de información. Este acceso no se distribuye de manera equitativa, sino que hay diversas variables sociales, culturales, económicas y políticas que generan brechas y asimetrías de poder en el modo de uso de plataformas digitales, en las habilidades y en las competencias que se adquieren dentro de estas.

Considerando a la tecnología como un espacio político, estar fuera o dentro de este espacio significa una importante perdida de agencia. Las características culturales de cada estado-nación o territorio en el que la tecnología se utiliza conlleva diferencias a la hora de utilizarla y apropiarla técnicamente, generando una brecha entre quienes tengan un mayor acceso a una computadora personal, a un buen servicio de internet y a cierto nivel de educación digital. Estas brechas algorítmicas se intensifican en un contexto global de oligopolio de las plataformas digitales que favorecen a una reducida elite.

Por otro lado, existe un fuerte movimientos social digital que aboga por la circulación de softwares libres desde una libre disposición de las fuentes de código para así poder copiar y redistribuir programas. En Cooperación sin mando, Mique Vidal explica que los softwares son “un plan de funcionamiento para un tipo especial de máquina” (Vidal, 2004, pág. 46), por lo que la búsqueda es a la liberación de códigos de software ya que no contar con este acceso conlleva consecuencias en cuanto a agencia de los mismos softwares que utilizamos comúnmente, tema que a su vez se intersecta con el peso e incidencia de la industria del software. El negocio de la producción de softwares ha limitado que programaciones con lógicas alternativas a la que impera en la sociedad se desarrollen, incluso estableciendo limitaciones legales a programadores hackers que compartían códigos y practicaban la cooperación, tildándoles de piratería. Ante tales adversidades económicas, sociales y legales, la creación de softwares libres continuó desarrollándose clandestinamente con proyectos concretos que distribuyen libremente softwares, como podrían ser LINUX y GNU (Vidal, 2004).

El movimiento del software libre se basa en tradiciones culturales de lxs hackers. La cultura hacker comienza en los años sesenta en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), donde estudiantes formaron una red que pretendía hacer cosas radicalmente diferentes a la de los demás técnicos y profesores, desde el placer y disfrute a los detalles de los sistemas programables y las posibilidades de ampliar sus capacidades (Martín, 2013). Así, durante los años se instauraron dos posiciones sobre el desarrollo de softwares libres: el de establecer limites políticos conscientes y la visión sobre la nueva era democrática, donde las esferas sociales y económicas cambian de manera fundamental (Coleman, 2013). Sin embargo, la cultura hacker no cesó su actividad continuó desarrollando herramientas “como un renacimiento cultural cuya característica definitoria es el control sobre los medios de producción de los hackers: el software y los códigos fuente” (Coleman, 2013, pág. 61). En este sentido, el movimiento por la libre circulación de softwares es una lucha por el acceso a las mismas herramientas de programación, cuyas brechas de acceso se pueden estudiar de manera interseccional, siendo de especial interés para esta investigación las categorías de género y geopolíticas que inciden para el acceso, uso y competencias digitales.

En primer lugar, desde hace algunos años, se ha profundizado en el debate del género y la posición de mujeres y masculinidades disidentes dentro de la red. Las mujeres tienen estadísticamente menos oportunidades de acceso social y laboral dentro de este ámbito. Se han promovido políticas públicas que buscan que esta brecha decrezca con líneas de acción que promueven una evaluación de la situación, el término de la violencia de género en plataformas digitales, mejorar infraestructura pública de servicios a internet, promover la educación digital y abrir convocatorias y programas hacia una inserción de mujeres a las disciplinas de STEM (Pérez de Acha).

El colectivo boliviano La Imilla Hacker, por ejemplo, tiene una postura crítica sobre los esfuerzos gubernamentales para contribuir a la disminución de brechas digitales y alfabetismo digital, donde “el lema utopista “una niña, una hacker” se acaba transformando en un más pragmático “un niño, una tablet”: la capacidad de manejar software libre de forma creativa es intangible, pero las tabletas o notebooks con la silueta del presidente son un dato objetivo que visibiliza el cumplimiento de promesas electorales y hace subir puntos en las encuestas” (La Imilla Hacker, 2015). Estas implementaciones no han sido suficientes para solucionar efectivamente los problemas estructurales de la masculinización y colonización de la construcción del conocimiento y de las instituciones tecnocientíficas.

Desde esta concepción interesa continuar desde una lógica que invita a complejizar la reflexión en los estudios sobre brechas digitales y software libre, reconociendo que dicha brecha conduce a inequidad técnica en el mundo globalizado, donde unos pocos integran una élite de conocimiento, que termina jerarquizando a quienes producen, estudian y teorizan sobre estos temas según líneas concretas de investigación y de acción. Este problema, se sostiene sobre el oligopolio de las plataformas de uso transnacional, como lo serían Amazon, Google y Facebook, por ejemplo. En este contexto, ¿cómo se posicionan en el mercado nacional (y global) los grupos e individuos que desarrollas usos digitales desde paradigmas contra hegemónicos? ¿Quiénes logran acceso al financiamiento para desarrollar plataformas que puedan al menos competir en el mercado, por lo menos de manera local? ¿Qué intereses y estrategias utilizan para posicionarse en el desarrollo digital latinoamericano? Las diferencias culturales y el colonialismo limitan las posibilidades ante una escala global que abarca datos masivos a lo ancho del mundo, materializado en que los costes de adherirse al sistema global son menores que el desarrollo de la industria digital local. ¿Cual es el mercado efectivo de estas plataformas generadas desde el sur global, con enfoques contrarios a la norma sexista y racista?

Para este ensayo se busca evidenciar dos categorías de discriminación dentro del campo del desarrollo tecnológico: el colonialismo tecnológico y la inequidad frente al norte global que los desarrollos tecnológicos latinoamericanos suponen, y el patriarcado en la institución de la ciencia y tecnología, con el fin de identificar a voces con esfuerzos contra-hegemónicos que repiensan los modos de relación digital, voces históricamente invisibilizadas dentro de las lógicas universales y sexistas en la tecnología.

Image

Preguntas y Objetivos

Comprender como organizaciones hackfeministas como La Imilla Hacker y Sursiendo problematizan, discuten y enfrentan:

  • La desigualdad frente al norte global desde el colonialismo tecnológico.
  • El patriarcado como marca cultural en las instituciones de Ciencia y Tecnología.
  •  El desarrollo de prácticas contra-hegemónicas y software libre.
Pages: 1 2 3 4 5

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *