HidroAysén

El proyecto hidroeléctrico HidroAysén data de 2004 de una sociedad entre las empresas generadoras de electricidad más grandes del Chile, Endesa (recientemente formulada como ENEL Generación) y Colbún S.A. Contempla la construcción y operación de cinco centrales hidroeléctricas que utilizarían la fuerza de los ríos Baker y Pascua para tener una potencia instalada de 2.750 MW. Sus detractores, organizaciones locales y medioambientalistas agrupadas desde 2006 en el Consejo de Defensa de la Patagonia (CDP) bajo el lema ¡Patagonia Sin Represas! denunciaban que el proyecto dañaría enormemente los ecosistemas de la zona al tener que inundar 5.910 hectáreas e instalar más de 600 kilómetros de tendido eléctrico.

A pesar de las innumerables críticas desplegadas en contra del proyecto, el 9 de mayo del 2011 la Comisión de Evaluación Ambiental de Coyhaique aprobó el megaproyecto, superando así uno de los principales pasos necesarios para su materialización.  Esto levantó un gran movimiento social demandando el cese del proyecto, con una ola de protestas en diversas ciudades del país [1]. Organizaciones opositoras interpusieron diversos recursos de protección a la Corte de Apelaciones. Los primeros serían rechazados, pero otros serían aprobados, forzando a HidroAysén a “no innovar” y paralizar sus operaciones.

Pasada la efervescencia social de 2011, el proyecto pasaría a dormir en los tribunales de justicia, comisiones investigadoras y comités de ministros del Estado. En mayo de 2012, la propia empresa Colbún anunciaba la inviabilidad de proyectos energéticos de la magnitud y complejidad de HidroAysén en el país. Que uno de los controladores del proyecto anunciara tal inviabilidad era, aparentemente, el golpe de gracia del controversial proyecto. Políticos y expertos en la materia   ya comenzaban a discutir sobre la eventual muerte del megaproyecto. Ante esto, en noviembre del mismo año, el CDP publicaría un satírico inserto en periódicos y diarios digitales graficando con retoques computacionales el supuesto entierro de HidroAysén.

Figura 1. Inserto del Consejo de Defensa de la Patagonia de noviembre de 2012. Fuente: patagoniasinrepresas.cl

Tendrían que pasar un par de años más, llenos de trámites burocráticos, intentos de lobby, apelaciones, fallos judiciales y protestas sociales en contra, para que en 2014 se reuniera  un comité de ministros convocado por la presidenta Michelle Bachelet para resolver las variadas reclamaciones que permanecían aplazadas desde el gobierno de Sebastián Piñera. Así, el comité decidió revocar la certificación ambiental otorgada al proyecto en 2011, rechazando totalmente y de manera unánime el proyecto HidroAysén. Acabada la reunión de los ministros ya comenzaban los festejos en las plazas públicas del país -aunque ya no eran las largas columnas de personas que protestaron en 2011, sino los actores más comprometidos con la causa.  El director de Greenpeace en Chile afirmaba a los medios nacionales: “La muerte de HidroAysén es la victoria de la sociedad civil empoderada, que alzó la voz durante más de 10 años para finalmente lograr sepultar el megaproyecto” (United Press International, 2014). El CDP, por su parte, publicaría un nuevo inserto, donde se representaba nuevamente el funeral del proyecto.

Figura 2. Inserto del Consejo de Defensa de la Patagonia de junio de 2014
Fuente: patagoniasinrepresas.cl

Pero la historia no acabaría ahí, pues HidroAysén siguió manteniéndose con vida. La empresa reformuló su planta directiva, concentrándose principalmente en la defensa de sus derechos de agua y apelando en los tribunales de justicia a la revocación efectuada por el comité de ministros de Bachelet. En otro inserto de octubre de 2014, el CDP alertaría que la amenaza de HidroAysén persistiría en la Patagonia. No obstante, el proyecto ya no tendría el mismo vigor que antes, habrían vendido la mayoría de los bienes de la empresa y ya no se encuentra en la cartera de negocios de Enel y Colbún. Más aún, el gobierno de Bachelet le pondría la “lápida” al proyecto en enero de 2015 cuando le denegó algunos derechos de agua adicionales que Hidroaysén habría pedido sobre el río Baker y Pascua (Gutiérrez & Eyzaguirre, 2015). Este nuevo tiro de gracia cerraría aparentemente la última arista que le quedaba al proyecto.

El caso del polémico y resistido proyecto energético de HidroAysen manifiesta de forma ejemplar cómo las controversias son constituidas y transformadas por lo digital. Desde la viralización de múltiples hashtags en Twitter,  el despliegue de la operación “Tormenta del Sur” del grupo Anonymous,  hasta la cambiante construcción de su artículo en Wikipedia, son algunas de las demostraciones de cómo el conflicto suscitado por este proyecto energético no solo dejó rastros en la web, sino que fue y sigue siendo performada en ella a lo largo de su vida social. Por ejemplo, la palabra [hidroaysen] se convirtió en una de las más buscadas en Google en la semana en que se le aprobaba al proyecto su Resolución de Calificación Ambiental, a tal punto que quedaría como la décima palabra más buscada en Chile en todo el año 2011 en la categoría Fastest Rising Searches. Pero posteriormente el interés en el proyecto decayó completamente, teniendo solo un breve aumento en 2014.

Hasta la fecha, la vida y muerte digital de controversias como HidroAysén no ha sido examinado en profundidad en la literatura. A partir de de la formación digital de HidroAysén cabe preguntarse cómo Internet inscribe el decaimiento de una controversia como la de HidroAysén. Ante la cual se abren una serie de otras interrogantes igual de relevantes: ¿Qué prácticas y discursos se despliegan a través del tiempo para hacer de este proyecto algo cada vez más irrealizable? ¿Cómo se ha logrado hasta la fecha mantenerlo en el letargo, así como también para mantenerlo vivo hasta hoy por otros medios? ¿Cómo se cuida, repara o descompone lo que en su minuto convocó y enredó a miles de actores? ¿Qué va perdurando o se olvida de una controversia, una vez que ya no brilla como antes?

Estas interrogantes abren el presente proyecto de investigación social digital que tiene como propósito rastrear las huellas digitales de la controversia de HidroAysén. En otras palabras, se busca seguir la vida digital de HidroAysén, así como también cómo va cesando ante el paso del tiempo. Esto principalmente para atender el vacío en la literatura sobre controversias acerca del rol que cumplen los medios digitales en ellas. Ante la ubicuidad de las tecnologías digitales, se vuelve relevante indagar en cómo las controversias son digitalizadas y van produciendo activamente una parcial huella digital en la Web.


[1] Solamente durante ese atribulado mayo de 2011 se registrarían cuatro masivas movilizaciones (9, 13, 20 y 28 de mayo), reuniendo a más de 30 mil o 40 mil personas sólo en la capital Santiago de Chile.

[2] Por lo demás, HidroAysén aún conserva los derechos de agua sobre parte del caudal de los ríos Pascua y Baker. Aun cuando terminase la vida del proyecto HidroAysén, los derechos de agua de los ríos del país los acumulan un puñado de empresas transnacionales, y nuevos proyectos de represas y de tendido eléctrico se están conformando con más fuerza en la Patagonia como el aprobado proyecto Central Hidroeléctrica Rio Cuervo, de la empresa Energía Austral, propiedad del grupo suizo Glencore y la empresa australiana Origin Energy. De modo que, de cesar este proyecto, la raíz de los conflictos energéticos permanece inmutable.